Intervenciones


Los daños que se pueden presentar son muchos y requieren una intervención específica en cada obra, sobre todo cuando los medios preventivos no han sido suficientes para mantenerlas en buen estado.

Deterioros que se pueden presentar:

Carcoma de la madera

Es un tipo de insecto que ataca a la madera alimentándose de ella. Nos damos cuenta de su existencia porque hacen orificios circulares para salir y dejan como residuo un “polvillo” que es testimonio de su incesante actividad. Una vez detectado el “carcoma” hay que eliminarlo rápidamente usando diversos insecticidas –que se inyectan para lograr una adecuada penetración- ya que estos “bichitos” trabajan excavando el interior de los objetos, huyendo de la luz y provocando daños que no se ven a simple vista.

Limpieza

Se entiende por limpieza la remoción de suciedad y manchas superficiales, repintes y todo aquello que desvirtúe el aspecto original de la obra. Se puede realizar en seco o por medio de disolventes. Una vez seleccionados el o los disolventes que se van a utilizar se realizan cateos o pruebas preliminares (ventanas testigos) comprobando su acción. La misma puede tener diferentes niveles, que van desde un desbarnizado parcial (“adelgazamiento” del barniz) a la remoción total del mismo.

Los repintes son una reintegración de color pero mal ejecutada, con la intención de reparar u ocultar daños pueden llevar al engaño ya que parcial o totalmente modifica la lectura de la imagen original de la obra. Están realizados en una época posterior a la conclusión de la obra y por “artistas” diferentes a los autores. Hay que estudiar mucho si éstos se dejan o no por dos razones: por un lado, pueden tener valores históricos adicionales y, por el otro, al eliminarlos se pueden producir cambios irreversibles en el aspecto de la obra.

 

Lagunas o mermas de la capa pictórica

Algunos fragmentos de la capa pictórica, con el paso del tiempo, pueden “levantarse” y desprenderse del soporte al perder su capacidad de adherencia. Es necesario, entonces, fijar el fragmento a la base de preparación con alguna sustancia adhesiva. Éstas pueden ser colas, ceras, resinas sintéticas, etc… Si el fragmento se hubiese perdido, primero se nivela la zona que lo rodea con un estuco (de cera o yeso y cola) y luego se procede a la reintegración del color. La misma debe ser reversible, fácilmente identificable y además, limitarse solamente a la zona de la pérdida.

Desgarro o rotura del soporte

Los desgarros se pueden producir por envejecimiento de la tela, por accidentes o manipulaciones inadecuadas. Si ocurren, en primer lugar se corrigen las deformaciones colindantes a la rotura y luego se adhieren los bordes, ambas intervenciones pueden realizarse “planchando” la zona por medio de veladuras parciales (pegadas con polímeros sintéticos), los bordes se pueden “soldar” por cosido o se pueden adherir parches en el reverso de la tela si la rotura es mayor.

Cuando los desgarros o roturas del soporte son tantos que la tela ya no cumple con su función de soporte, o cuando no existe fijación generalizada de la capa pictórica al soporte (tela) ni cohesión de la capa pictórica en sí misma (capa pictórica pulverulenta) se realiza un reentelado.

En el reentelado se aplica una tela nueva a la original por el reverso de la obra con adhesivos, calor y peso, previamente ambas telas tienen que estar preparadas en forma adecuada según la técnica de reentelado a seguir. La misma le devuelve a la obra solidez, consistencia y estabilidad. Es una intervención delicada e importante, y, como todo en restauración, hay que hacerla cuando es absolutamente necesario.